El AGUA, Elena ESPINOSA y un pacto de ESTADO en el horizonte
Junio 4, 2008
Me alegra mucho saber que el Gobierno de España ha empezado a trabajar para que al problema del agua se conduzca hacia un gran pacto de Estado. Lo de gran creo que lo ha dicho la ministra Elena Espinosa, la que ha anunciado este reto que se impone el gobierno de Rodriguez Zapatero, una vez que parece resuelto el mediático ataque de urgencia del suministro a Barcelona.
Según la información que ha salido en la prensa, el gobierno se dispone a negociar con autonomías, ayuntamientos, sindicatos, empresarios y agricultores. Poca gente y poco representativa, en este caso concreto, pienso yo: la mayoría, del Rey al último, está ahí por un periodo de tiempo relativamente breve y sin capacidad ni necesariamente perspectiva para decidir de manera trascendente sobre un problema que es fundamental -de fundamento- y cuyas partes interesadas -que son a la vez determinantes en la ejecución y guarda de lo que salga- alcanzan a toda la población actual, sin excepciones, y a las generaciones que nos sigan.
Si el Gobierno pretende un pacto político que dure lo que dure, una especie de concertación revisable por anualidades y según circunstancias políticas en cada caso, va bien por ahí. Si lo que busca es que el problema del agua se plantee debidamente, se traslade, se discuta ampliamente y se apunte hacia una solución -que deberá ser una política pero también una ética, destinadas a convertirse en verdaderos principios- deberá pensar en otro modo, en otro método. Asi sí será para siempre.
En el Congreso Ibérico del Agua de 2004, celebrado en Tortosa, un amigo de Sevilla presentó una comunicación que, bajo el título “Criterios para una política de comunicación del agua”, planteaba precisamente esta necesidad de un pacto de estado, pero que fuera la consecuencia de un debate general, en el que debería intervenir toda la población y que debería prepararse con una política de comunicación -no una campaña- que fuera capaz de trasladar a los españoles el bagaje suficiente para que participaran plenamente del problema, primero, y luego de la solución. El problema del agua no es sólo su escasez, es sobre todo el concepto erróneo con que lo enfocamos.
En dicha comunicación se decía: “El agua como problema tiene necesidad de una formulación clara, comprensible y aceptada comúnmente; y necesita además un código de conductas que sirva de apoyo a las decisiones personales y grupales. Pero sobre todo necesita la interiorización de unos nuevos modos y comportamientos, una nueva cultura en definitiva.”
Estoy convencido de esto. Podemos discutirlo.
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